jueves, 12 de abril de 2012

BELLEZA CULTURAL

El ideal de belleza ha ido variando de un siglo a otro. En las diferentes culturas se han producido serias presiones socioculturales que han dado lugar a enfermedades o discapacidades. En la China prerrevolucionaria, en las altas clases sociales, el ideal de belleza estaba ligado al empequeñecimiento del pie en las jóvenes. Para poder lograrlo, vendaban el pie de las jóvenes de tal forma que limitaban su movilidad. Una mujer con el pie vendado era símbolo de status social para el marido, ya que mostraba que él era un hombre rico y que por lo tanto su mujer no precisaba salir a trabajar. Este sistema se dejó de usar recién en el siglo XX. El ideal de belleza británico de 1830 a 1890 consistía en la costumbre del uso del corsét para poder conseguir “una cintura de avispa”. El corsét era usado por las clases sociales más ociosas, ya que una mujer con corsét no le era posible realizar trabajos manuales. El corsét estaba hecho con soportes de acero, era incómodo, interfería en la digestión y causaba daño en el cuello del útero, haciendo a las relaciones sexuales muy dolorosas. También afectaban la gestación y el parto, eran comunes los abortos y los daños fetales. Aún cuando se reconocieron todos estos daños, se lo continuó usando porque se lo asociaba con la belleza y la pureza. Actualmente el ideal de belleza se caracteriza por la delgadez. Éste ideal de belleza se correlaciona con el auge de los trastornos alimenticios, en la década de los ´90. Se los considera patologías propiamente contemporáneas, pese a ello, se conocen antecedentes al menos desde la Edad Media. En aquella época existían “las santas ayunadoras”. Eran mujeres cristianas que por amor a Dios dejaban de comer. Muchas de éstas mujeres fueron muertas en la hoguera por considerarlas herejes o de practicar la brujería. Pero en modo alguno esto tenía que ver con el ideal de belleza que reinaba en aquella época. Por el contrario, el sobrepeso era índice de belleza y salud. En nuestros tiempos se ha comenzado a hablar de la bulimia y la anorexia como nuevos síntomas. Síntomas que hablan, que hablan con todo el cuerpo, y le dicen al paciente de aquello que desconoce y de aquello de lo que sufre. Éstos trastornos alimenticios se concentran mayormente en mujeres adolescentes en ellas hay una necesidad de perfección, lo cual tiene que ver con un goce. Un goce en la propia imagen, un goce en el cuerpo. Estos síndromes afectan tanto a mujeres como a hombres, pese a ello afectan más a mujeres y esto tiene que ver con que en las mujeres hay una mayor dificultad de identificación sexual. Tanto Freud como Lacan sostenían que la importancia que algunas mujeres le dan a su cuerpo tiene que ver con una compensación por la falta fálica. En el período puberal es cuando se podría hablar de un posible desencadenamiento de los trastornos de la alimentación (en su mayoría). En ésta etapa de la vida, es cuando aflora el cuerpo real. Éste es el cuerpo que se rechaza y el rechazo es en cuanto al cuerpo sexual en cuanto sede del goce y deseo del Otro. Tanto la televisión como las revistas muestran mujeres esbeltas y extremadamente flacas. No se muestran mujeres que no estén acordes a los ideales de la época. En internet, incluso, hay páginas webs, foros y blogs de chicas con Anorexia y Bulimia que enseñan dietas y formas de ocultar su enfermedad ante familiares y allegados. En la época de Freud existía “la histérica del pensionado de señoritas”, hoy los jóvenes se agrupan no ya por ideales ni por identificación, sino por las formas de gozar. Parecería que los ideales han ido dejándoles lugar a las formas de goce. En aquellos encuentros se habla de los goces que cada uno tiene de manera independiente, un goce en grupo a partir de goces análogos. Lo que la anoréxica busca es la felicidad en el goce de la belleza, en la delgadez extrema. Parafraseando a Freud, luego de todo lo dicho, de lo que padece el sujeto es de la época. La modalidad estará ligada a como el sujeto vive la pulsión y a cómo ofrece sus ideales a lo largo de cada época y por qué no de cada cultura. Lic. Mercedes Montero

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